Cuando se habla de fútbol no es extraño que aparezca la discusión sobre cómo es que se debe de jugar. Una pregunta que nunca falta es ¿qué es lo ideal? ¿Ganar jugando lindo, haciendo muchos goles o simplemente ganar? No menos común es el debate sobre cuál debe ser el sistema de juego y el estilo de fútbol a practicar. Algunas veces lo importante es ganar, pero no es necesario ganar, golear y gustar, sino que con lo primero basta. ¿Ganar 1 a 0 con gol de pelota quieta vale menos que ganar 1-0 con un gol hecho a partir de 20 toques? ¿Siempre hay que salir a buscar los 3 puntos? ¿Siempre hay que arriesgar el punto con el que un equipo entra a la cancha y que más de una vez resulta útil? ¿Por qué jugar con 2 o 3 futbolistas en la delantera, si con 1 es suficiente y a veces hasta demasiado?
Grandes logros en el fútbol mundial se han conseguido en base a equipos con sólidas defensas y con contadas, pero efectivas ofensivas. ¿De qué vale llegar 10 veces, si una puede ser la solución para lograr el objetivo? El "catenaccio" fue practicado por grandes entrenadores que han deleitado al mundo. No se puede olvidar al austríaco Karl Rappan, a los italianos Nereo Rocco, Carlo Ancelotti y Giovani Trappattoni, al argentino Helenio Herrera o al gran Julio Ribas. Deleitaron al mundo plantados en su propio campo y con un único futbolista de punta, luchador incansable, héroe de mil batallas que concentrado esperaba quizás su única oportunidad con la seguridad de que no fallaría.
En la actualidad sigue habiendo entrenadores que cada fin de semana se preocupan por mantener el cero en su arco y que no sienten vergüenza que su equipo tenga como primer objetivo no perder. Cuántos técnicos de los que juegan “lindo” terminan derrotados por otros que los sorprenden con un perfecto contragolpe, una pelota que cayó del cielo cuando nadie lo esperaba directo a la cabeza del número 9 o simplemente fueron víctimas de un disfrutable empate; sin dudas que muchos. Porque lo rústico también vale, porque la marca también importa y porque a la pelota no sólo le gusta el césped, a todos muchas gracias.
Grandes logros en el fútbol mundial se han conseguido en base a equipos con sólidas defensas y con contadas, pero efectivas ofensivas. ¿De qué vale llegar 10 veces, si una puede ser la solución para lograr el objetivo? El "catenaccio" fue practicado por grandes entrenadores que han deleitado al mundo. No se puede olvidar al austríaco Karl Rappan, a los italianos Nereo Rocco, Carlo Ancelotti y Giovani Trappattoni, al argentino Helenio Herrera o al gran Julio Ribas. Deleitaron al mundo plantados en su propio campo y con un único futbolista de punta, luchador incansable, héroe de mil batallas que concentrado esperaba quizás su única oportunidad con la seguridad de que no fallaría.
En la actualidad sigue habiendo entrenadores que cada fin de semana se preocupan por mantener el cero en su arco y que no sienten vergüenza que su equipo tenga como primer objetivo no perder. Cuántos técnicos de los que juegan “lindo” terminan derrotados por otros que los sorprenden con un perfecto contragolpe, una pelota que cayó del cielo cuando nadie lo esperaba directo a la cabeza del número 9 o simplemente fueron víctimas de un disfrutable empate; sin dudas que muchos. Porque lo rústico también vale, porque la marca también importa y porque a la pelota no sólo le gusta el césped, a todos muchas gracias.